Un mes
después de su regreso a Venezuela muere don Luis Betancourt, el padre de
Rómulo. En una carta dirigida a Caferino Rojas Díaz el 25 de mayo el afligido
político expresa:
La muerte del viejo ha sido para mí un golpe rudo. Tú experimentaste dolor semejante, y sabes ya cómo duele íntimamente la definitivamente ausencia del padre. En mi caso, hay cierto acento de remordimiento en mi tristeza. El viejo ambicionó que yo fuera abogado y realizara en la vida todo cuanto él había soñado. Escogí este áspero camino, que ya es el definitivo en mi vida. Y de paso, lo sacrifiqué a él. Nunca pude darle la satisfacción de comodidades materiales y por las preocupaciones que se me han hecho sufrió tanto. La única compensación que tuvo fue la de verme con una línea clara y recta de honradez personal y pública, traduciendo a hechos las normas de conducta que me enseñó siempre (cp. Romero, 2005, p. 69).
Pero Betancourt por fin había llegado a Venezuela y tenía frente a sí la tarea de la que desde hace tiempo había querido ocuparse: de la construcción de una influencia real del partido en la población venezolana.
El 28 de abril de 1941 el Congreso Nacional nombró al general Isaías Medina Angarita Presidente de la República. Por su parte, la “candidatura simbólica” de Rómulo Gallegos tuvo sus ventajas, el logro político más importante fue que se dio la oportunidad de que se establecieran comparaciones entre ambos candidatos; el militar andino electo a la usanza gomecista y el connotado escritor que ha surgido desde una oposición que valientemente venía abriéndose camino desde hacía unos años.
El nuevo Presidente ya se había comprometido desde antes de su elección a tener “una amplia apertura democrática que incluía la legalización de los partidos” (Romero, 2005, p. 71); y así fue.
Y para facilitar este proceso de legalizar el partido los pedenistas decidieron cambiar su nombre, ya plagado de persecución y clandestinidad. Romero (2005, p. 71) apunta que fue en una reunión realizada el 11 de mayo en la casa de Rómulo Gallegos que se decidió llamar al partido “Acción Democrática”. Betancourt y sus compañeros que habían sufrido la persecución del gobierno decidieron no figurar en el Comité de Orientación encargado de obtener la legalización y así evitar posibles inconvenientes. Para optar por la legalización del partido era necesario responder una especie de cuestionario cuyas preguntas estaban dirigidas a esclarecer la posición ideológica y doctrinaria del mismo, y así el gobierno podría asegurarse de que sus lineamientos no se contrapusieran con lo establecido en el inciso sexto del Artículo 21 de la Constitución Nacional. La inspección fue aprobada y es autorizado el funcionamiento de del partido Acción Democrática (AD) el 29 de julio de 1941.
El 13 de septiembre de ese año se realizó la presentación del partido en el Nuevo Circo de Caracas. Betancourt era el responsable de dar las palabras de cierre al acto. Ese día habló de los problemas económicos del país y dio cuenta del programa del partido en este aspecto. Como apunta Romero (2005, p. 72) una de las banderas más impactantes fue la necesidad de borrar una de las mayores contracciones de la economía venezolana: que gracias a la abundancia de sus recursos era considerada como una nación rica pero el nivel de empobrecimiento de sus habitantes era altísimo. La creación de un plan estratégico que fomentara la diversificación de la actividad industrial y la independencia de la exportación petrolera como única fuente de recursos fue la solución que perfiló el líder en nombre del partido. Otro de los puntos destacados de la alocución de Betancourt en el Nuevo Circo fue la relación con Estados Unidos como un aliado en la defensa del continente ante las amenazas nazi-fascistas, pero también la vigilancia que debía establecerse en las relaciones petroleras, velando por los intereses de la industria nacional. Además fue ratificado el partido como un ente democrático, policlasista, nacional, anti-imperialista y americanista.
Ahora la tarea era implantar el partido en todo el territorio nacional, labor a la que Betancourt, junto a otros de sus compañeros de AD, se dedicó con tenacidad. Visitó numerosas regiones y poblados, acercándose a la gente, hablando con ellos, haciéndose conocer a sí y a AD. La expansión que estaba alcanzando la organización política impulsó al presidente Medina en la creación de su propio partido que en principio se denominó Partidarios de la Política del Gobierno, suscitando la burla de la oposición. Más tarde cambió su nombre a Partido Democrático Venezolano (PDV).
Durante los años que van de 1941 a 1945 Rómulo Betancourt se concentró en “moldear ese tipo de militante cuyo compromiso (…) era para toda la vida”. “Acción democrática se refiere a una manera de actuar en política y casi a una manera de ser” (Caballero, 2004, p. 203). La consigna era que no quedase ni un distrito ni un municipio sin su organización de partido. Para el año 1945 el mismo Rómulo Betancourt va a jactarse de que AD cuenta con cien mil militantes en todo el país.
Internamente, Betancourt iba afianzando su liderazgo. Caballero (2004) reseña que el líder buscaba acomodar a sus más fieles seguidores en los puestos más importantes, mientras que a los militantes “indisciplinados o que se estuviesen apartando de la línea política que él había impuesto” eran descartados para los cargos de dirección y hasta sacados del partido (p. 205).
Además Betancourt continuó escribiendo en la prensa. Aparecía su firma en diarios venezolanos como Ahora y El Nacional y en El Tiempo de Bogotá. Pero la producción escrita más importante de esta época la tuvo en órganos de su propio partido: en el semanario Acción Democrática, fundado el 10 de enero de 1942 bajo la dirección de Valmore Rodríguez, Juan Oropesa y Luis Troconis Guerrero y en el diario El País, que aparece el 11 de enero de 1944. El que el partido y él contasen con su propio órgano de difusión, en donde pudiese escribir libremente y sobre todo, desde el cual pudiese defenderse de los ataques de sus adversarios, era una aspiración de vieja data que por fin Betancourt había logrado cumplir. Desde este periódico emprendió una acalorada diatriba con los comunistas, y con Miguel Otero Silva como su representante; estos apoyaban el gobierno de Medina lo que representaba una alianza incómoda para Betancourt, puesto que los comunitas contaban con una estructura sindical que podía ahora servir de plataforma para el gobierno. Pero, como señala Caballero (2004, p. 215) Betancourt no tenía la intención de establecer enfrentamientos entre la derecha y la izquierda, ni entre comunitas y anti.-comunitas, si algo quería era que esas discusiones ahora se establecieran entre adecos y no-adecos.
Continuando sobre la escritura de Betancourt en esta época, Romero (2005) relata
Sus escritos, aparte de los numerosos discursos, conferencias y folletos de esos años, reflejan la continuidad de su pensamiento político y económico, y su voluntad de convertir al nuevo partido en la principal fuerza de oposición al gobierno de Medina Angarita y en una opción real de poder en Venezuela. Fueron artículos y discursos polémicos en los que resaltaba la capacidad propagandística de Betancourt (p. 75).
Pero a pesar de las reformas políticas, sociales y económicas que implantó el presidente Medina Angarita, la apertura democrática que se vivió en los años de su gobierno y el respeto que demostró a la libertad de expresión, Rómulo Betancourt y su partido, el de los “adecos” —como llamarán después del 18 de octubre sus adversarios a los partidarios de Acción Democrática, como la contracción de AD-Comunista—, tenían varios puntos de desacuerdo con sus políticas. Uno de ellos era la falta de legitimidad del gobierno por la manera en que llegó al poder, lo que le representaba un obstáculo a la hora de luchar por los intereses nacionales ante las compañías petroleras, que se percataban de su debilidad y poco respaldo popular. También criticaban la falta de claridad en las delimitaciones de las funciones administrativas y ejecutivas del Estado, ya que la ley permitía, por ejemplo, que un ministro actuara a la vez como parlamentario, poniendo en evidencia la falta de independencia entre los poderes. Pero lo más importante, que es lo que llevó a Betancourt junto con algunos compañeros de partido a aliarse con los militares en un levantamiento contra el presidente Isaías Medina Angarita, fue la candidatura impuesta por el presidente de Ángel Biaggini para el período presidencial 1946-1951; y peor, lo que esto podría generar: la posibilidad de que también se perfilara la candidatura de Eleazar López Contreras.
Repetidas veces la militancia de AD pidió al Presidente la reforma de la Ley Electoral y de la Constitución Nacional para que eliminara el sistema de elecciones de segundo grado y además que estableciera que éstas se realizaran de manera universal, directa y secreta. El cargo de Presidente de la República era elegido a dedo por el ejecutivo, a la anti-democrática manera gomecista. El gobierno se negó a escuchar su exigencia, el próximo presidente de la República debía ser elegido por él, y fue así que propuso inicialmente al doctor Diógenes Escalante, quien se desempeñaba como embajador en Washington. Pero este candidato era una opción bastante aceptable para los partidarios de AD. Romero (2005) reseña que en una entrevista que sostuvo con el doctor Ramón J. Velásquez éste le comentó que Escalante se había comprometido a impulsar la reforma de la Ley de Electoral y a gobernar sólo dos años, era por esto que los de Rómulo no se opusieron a su candidatura (p. 79). Pero luego una enfermedad mental sacó a Escalante del juego político, y el candidato del medinismo pasó a ser una impopular figura: Ángel Biaggini. Esta candidatura aumentaba la posibilidad real de que nuevamente entrara en la escena política López Conteras, de quien se sospechaban intenciones de volver a la silla presidencial y que además contaba con importantes apoyos en el Congreso Nacional.
Por su parte, las Fuerzas Armadas Nacionales han sufrido cambios internos durante los años de 1941 y 1945. Existe una oficialidad joven, preparada, que miraba con recelo a los viejo militares “chopos de piedra”, que seguían ocupando los rangos más altos en la institución armada sin tener ninguna preparación ni mérito. En el interior de la institución se crearon logias para discutir los problemas del país. Una de ellas, la Unión Militar Patriótica, de la que formaba parte Marcos Pérez Jiménez, Luís Felipe Llovera Páez y Carlos Delgado Chalbaud, decidió acercarse al llamativo líder de AD para llevar a cabo el golpe.
El 18 de octubre de 1945 cayó el gobierno de Isaías Medina Angarita a causa de un levantamiento cívico-militar —aunque más militar que cívico— y toma el poder la Junta Revolucionaria de Gobierno, conformada por los militares Carlos Delgado Chalbaud y Mario Vargas, los adecos Gonzalo Barrios, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Rómulo Betancourt —quien fue designado presidente de la Junta— y por un independiente, el doctor Edmundo Fernández.
Con respecto a la participación de los civiles de AD en la conjura, Caballero (2004) relata
El desempeño de Acción Democrática el 18 de octubre de 1945 no fue pobre ni escaso: fue nulo. Por razones conspirativas muy comprensibles, el secreto del complot quedó, en el campo civil, circunscrito en lo esencial a cuatro personas (…) no sería demasiado exagerado decir que en las Fuerzas Amadas estaban enterados de la conspiración hasta los cabos (p. 227).
Esto quiere decir que para el golpe de Estado no estaban comprometidos todos los factores del partido sino un pequeño grupo, que le ocultó al resto sus intenciones conspirativas. Mientras que la oficialidad casi en pleno conocía los planes insurreccionales. Uno de los argumentos que más adelante van a esgrimir los implicados civiles en el hecho fue que el levantamiento era inminente y que decidieron participar luego de darse cuenta de que de igual manera iba a ocurrir.
En realidad es que Betancourt vio en esta propuesta de los militares la posibilidad de consolidar al fin el proyecto político de su partido. Ésta alianza va a generar una de las críticas más recurrentes contra el dirigente por el resto de su carrera política, puesto que su proyecto siempre fue civilista y anti-militarista y en esta oportunidad decidió favorecer la idea de tomar el poder antes de seguir esa línea de pensamiento.
La muerte del viejo ha sido para mí un golpe rudo. Tú experimentaste dolor semejante, y sabes ya cómo duele íntimamente la definitivamente ausencia del padre. En mi caso, hay cierto acento de remordimiento en mi tristeza. El viejo ambicionó que yo fuera abogado y realizara en la vida todo cuanto él había soñado. Escogí este áspero camino, que ya es el definitivo en mi vida. Y de paso, lo sacrifiqué a él. Nunca pude darle la satisfacción de comodidades materiales y por las preocupaciones que se me han hecho sufrió tanto. La única compensación que tuvo fue la de verme con una línea clara y recta de honradez personal y pública, traduciendo a hechos las normas de conducta que me enseñó siempre (cp. Romero, 2005, p. 69).
Pero Betancourt por fin había llegado a Venezuela y tenía frente a sí la tarea de la que desde hace tiempo había querido ocuparse: de la construcción de una influencia real del partido en la población venezolana.
El 28 de abril de 1941 el Congreso Nacional nombró al general Isaías Medina Angarita Presidente de la República. Por su parte, la “candidatura simbólica” de Rómulo Gallegos tuvo sus ventajas, el logro político más importante fue que se dio la oportunidad de que se establecieran comparaciones entre ambos candidatos; el militar andino electo a la usanza gomecista y el connotado escritor que ha surgido desde una oposición que valientemente venía abriéndose camino desde hacía unos años.
El nuevo Presidente ya se había comprometido desde antes de su elección a tener “una amplia apertura democrática que incluía la legalización de los partidos” (Romero, 2005, p. 71); y así fue.
Y para facilitar este proceso de legalizar el partido los pedenistas decidieron cambiar su nombre, ya plagado de persecución y clandestinidad. Romero (2005, p. 71) apunta que fue en una reunión realizada el 11 de mayo en la casa de Rómulo Gallegos que se decidió llamar al partido “Acción Democrática”. Betancourt y sus compañeros que habían sufrido la persecución del gobierno decidieron no figurar en el Comité de Orientación encargado de obtener la legalización y así evitar posibles inconvenientes. Para optar por la legalización del partido era necesario responder una especie de cuestionario cuyas preguntas estaban dirigidas a esclarecer la posición ideológica y doctrinaria del mismo, y así el gobierno podría asegurarse de que sus lineamientos no se contrapusieran con lo establecido en el inciso sexto del Artículo 21 de la Constitución Nacional. La inspección fue aprobada y es autorizado el funcionamiento de del partido Acción Democrática (AD) el 29 de julio de 1941.
El 13 de septiembre de ese año se realizó la presentación del partido en el Nuevo Circo de Caracas. Betancourt era el responsable de dar las palabras de cierre al acto. Ese día habló de los problemas económicos del país y dio cuenta del programa del partido en este aspecto. Como apunta Romero (2005, p. 72) una de las banderas más impactantes fue la necesidad de borrar una de las mayores contracciones de la economía venezolana: que gracias a la abundancia de sus recursos era considerada como una nación rica pero el nivel de empobrecimiento de sus habitantes era altísimo. La creación de un plan estratégico que fomentara la diversificación de la actividad industrial y la independencia de la exportación petrolera como única fuente de recursos fue la solución que perfiló el líder en nombre del partido. Otro de los puntos destacados de la alocución de Betancourt en el Nuevo Circo fue la relación con Estados Unidos como un aliado en la defensa del continente ante las amenazas nazi-fascistas, pero también la vigilancia que debía establecerse en las relaciones petroleras, velando por los intereses de la industria nacional. Además fue ratificado el partido como un ente democrático, policlasista, nacional, anti-imperialista y americanista.
Ahora la tarea era implantar el partido en todo el territorio nacional, labor a la que Betancourt, junto a otros de sus compañeros de AD, se dedicó con tenacidad. Visitó numerosas regiones y poblados, acercándose a la gente, hablando con ellos, haciéndose conocer a sí y a AD. La expansión que estaba alcanzando la organización política impulsó al presidente Medina en la creación de su propio partido que en principio se denominó Partidarios de la Política del Gobierno, suscitando la burla de la oposición. Más tarde cambió su nombre a Partido Democrático Venezolano (PDV).
Durante los años que van de 1941 a 1945 Rómulo Betancourt se concentró en “moldear ese tipo de militante cuyo compromiso (…) era para toda la vida”. “Acción democrática se refiere a una manera de actuar en política y casi a una manera de ser” (Caballero, 2004, p. 203). La consigna era que no quedase ni un distrito ni un municipio sin su organización de partido. Para el año 1945 el mismo Rómulo Betancourt va a jactarse de que AD cuenta con cien mil militantes en todo el país.
Internamente, Betancourt iba afianzando su liderazgo. Caballero (2004) reseña que el líder buscaba acomodar a sus más fieles seguidores en los puestos más importantes, mientras que a los militantes “indisciplinados o que se estuviesen apartando de la línea política que él había impuesto” eran descartados para los cargos de dirección y hasta sacados del partido (p. 205).
Además Betancourt continuó escribiendo en la prensa. Aparecía su firma en diarios venezolanos como Ahora y El Nacional y en El Tiempo de Bogotá. Pero la producción escrita más importante de esta época la tuvo en órganos de su propio partido: en el semanario Acción Democrática, fundado el 10 de enero de 1942 bajo la dirección de Valmore Rodríguez, Juan Oropesa y Luis Troconis Guerrero y en el diario El País, que aparece el 11 de enero de 1944. El que el partido y él contasen con su propio órgano de difusión, en donde pudiese escribir libremente y sobre todo, desde el cual pudiese defenderse de los ataques de sus adversarios, era una aspiración de vieja data que por fin Betancourt había logrado cumplir. Desde este periódico emprendió una acalorada diatriba con los comunistas, y con Miguel Otero Silva como su representante; estos apoyaban el gobierno de Medina lo que representaba una alianza incómoda para Betancourt, puesto que los comunitas contaban con una estructura sindical que podía ahora servir de plataforma para el gobierno. Pero, como señala Caballero (2004, p. 215) Betancourt no tenía la intención de establecer enfrentamientos entre la derecha y la izquierda, ni entre comunitas y anti.-comunitas, si algo quería era que esas discusiones ahora se establecieran entre adecos y no-adecos.
Continuando sobre la escritura de Betancourt en esta época, Romero (2005) relata
Sus escritos, aparte de los numerosos discursos, conferencias y folletos de esos años, reflejan la continuidad de su pensamiento político y económico, y su voluntad de convertir al nuevo partido en la principal fuerza de oposición al gobierno de Medina Angarita y en una opción real de poder en Venezuela. Fueron artículos y discursos polémicos en los que resaltaba la capacidad propagandística de Betancourt (p. 75).
Pero a pesar de las reformas políticas, sociales y económicas que implantó el presidente Medina Angarita, la apertura democrática que se vivió en los años de su gobierno y el respeto que demostró a la libertad de expresión, Rómulo Betancourt y su partido, el de los “adecos” —como llamarán después del 18 de octubre sus adversarios a los partidarios de Acción Democrática, como la contracción de AD-Comunista—, tenían varios puntos de desacuerdo con sus políticas. Uno de ellos era la falta de legitimidad del gobierno por la manera en que llegó al poder, lo que le representaba un obstáculo a la hora de luchar por los intereses nacionales ante las compañías petroleras, que se percataban de su debilidad y poco respaldo popular. También criticaban la falta de claridad en las delimitaciones de las funciones administrativas y ejecutivas del Estado, ya que la ley permitía, por ejemplo, que un ministro actuara a la vez como parlamentario, poniendo en evidencia la falta de independencia entre los poderes. Pero lo más importante, que es lo que llevó a Betancourt junto con algunos compañeros de partido a aliarse con los militares en un levantamiento contra el presidente Isaías Medina Angarita, fue la candidatura impuesta por el presidente de Ángel Biaggini para el período presidencial 1946-1951; y peor, lo que esto podría generar: la posibilidad de que también se perfilara la candidatura de Eleazar López Contreras.
Repetidas veces la militancia de AD pidió al Presidente la reforma de la Ley Electoral y de la Constitución Nacional para que eliminara el sistema de elecciones de segundo grado y además que estableciera que éstas se realizaran de manera universal, directa y secreta. El cargo de Presidente de la República era elegido a dedo por el ejecutivo, a la anti-democrática manera gomecista. El gobierno se negó a escuchar su exigencia, el próximo presidente de la República debía ser elegido por él, y fue así que propuso inicialmente al doctor Diógenes Escalante, quien se desempeñaba como embajador en Washington. Pero este candidato era una opción bastante aceptable para los partidarios de AD. Romero (2005) reseña que en una entrevista que sostuvo con el doctor Ramón J. Velásquez éste le comentó que Escalante se había comprometido a impulsar la reforma de la Ley de Electoral y a gobernar sólo dos años, era por esto que los de Rómulo no se opusieron a su candidatura (p. 79). Pero luego una enfermedad mental sacó a Escalante del juego político, y el candidato del medinismo pasó a ser una impopular figura: Ángel Biaggini. Esta candidatura aumentaba la posibilidad real de que nuevamente entrara en la escena política López Conteras, de quien se sospechaban intenciones de volver a la silla presidencial y que además contaba con importantes apoyos en el Congreso Nacional.
Por su parte, las Fuerzas Armadas Nacionales han sufrido cambios internos durante los años de 1941 y 1945. Existe una oficialidad joven, preparada, que miraba con recelo a los viejo militares “chopos de piedra”, que seguían ocupando los rangos más altos en la institución armada sin tener ninguna preparación ni mérito. En el interior de la institución se crearon logias para discutir los problemas del país. Una de ellas, la Unión Militar Patriótica, de la que formaba parte Marcos Pérez Jiménez, Luís Felipe Llovera Páez y Carlos Delgado Chalbaud, decidió acercarse al llamativo líder de AD para llevar a cabo el golpe.
El 18 de octubre de 1945 cayó el gobierno de Isaías Medina Angarita a causa de un levantamiento cívico-militar —aunque más militar que cívico— y toma el poder la Junta Revolucionaria de Gobierno, conformada por los militares Carlos Delgado Chalbaud y Mario Vargas, los adecos Gonzalo Barrios, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Rómulo Betancourt —quien fue designado presidente de la Junta— y por un independiente, el doctor Edmundo Fernández.
Con respecto a la participación de los civiles de AD en la conjura, Caballero (2004) relata
El desempeño de Acción Democrática el 18 de octubre de 1945 no fue pobre ni escaso: fue nulo. Por razones conspirativas muy comprensibles, el secreto del complot quedó, en el campo civil, circunscrito en lo esencial a cuatro personas (…) no sería demasiado exagerado decir que en las Fuerzas Amadas estaban enterados de la conspiración hasta los cabos (p. 227).
Esto quiere decir que para el golpe de Estado no estaban comprometidos todos los factores del partido sino un pequeño grupo, que le ocultó al resto sus intenciones conspirativas. Mientras que la oficialidad casi en pleno conocía los planes insurreccionales. Uno de los argumentos que más adelante van a esgrimir los implicados civiles en el hecho fue que el levantamiento era inminente y que decidieron participar luego de darse cuenta de que de igual manera iba a ocurrir.
En realidad es que Betancourt vio en esta propuesta de los militares la posibilidad de consolidar al fin el proyecto político de su partido. Ésta alianza va a generar una de las críticas más recurrentes contra el dirigente por el resto de su carrera política, puesto que su proyecto siempre fue civilista y anti-militarista y en esta oportunidad decidió favorecer la idea de tomar el poder antes de seguir esa línea de pensamiento.
El Misterio de Escalante
***
Oficialistas, opositores y comunistas se pusieron de acuerdo en 1945 para que
el Congreso eligiera a un candidato único, que a la hora de la chiquita “se
volvió loco”.
Arturo Úslar recibe una llamada
telefónica de un número conocido, el de Diógenes Escalante.
-Sí, diga... –Preguntó Úslar.
-Doctor Úslar, tengo un problema muy grave, me han
robado...
-¡Cómo que lo han robado Dr. Escalante!
-Sí, me han robado.
-¿Y qué le robaron?
-Los pañuelos.
-¿Cómo que le robaron los pañuelos? ¿Unos pañuelos
nuevos?
-No, no, no, véngase por aquí, eran tres mil
pañuelos que tenía en la gaveta.
A Úslar Pietri le extrañó la
respuesta e inmediatamente llamó a Rafael Vegas, ministro de Educación y médico
psiquiatra:
-Rafael, llégate donde Escalante y habla con él.
Está pasando algo raro.
Rafael Vegas va al Hotel Ávila y
al regreso da su diagnóstico definitivo y aterrador:
-Escalante está loco de bola.
El sol desaparecía en el
horizonte caraqueño, en el palacio presidencial el Jefe de Estado sentado a la
cabeza de la mesa de reuniones ordena a su edecán que se dirija al Hotel Ávila
a buscar a quien sería su sucesor, el hombre a quienes partidarios del gobierno
y de oposición habían aclamado para que tomara las riendas del país… dos horas
más tarde el enviado regresa a Miraflores con una terrible noticia: “Escalante
ya no puede ser presidente”.
Diógenes Escalante, diplomático por convicción y
político por aclamación, sería el protagonista principal de la transición que
haría Venezuela de la dictadura militar que tenía 45 años en el poder a la
democracia bipartidista que gobernó al país por cincuenta años, sin embargo,
una extraña enfermedad mental impidió su ascenso a la silla principal del
palacio de Miraflores.
Los sucesos de aquella noche del 2 de septiembre de
1945 en el Hotel Ávila todavía son un misterio en la historia venezolana, ya
que hasta ahora nadie sabe qué, quién o cómo se desencadenó la “locura” de
Escalante, quien fue encontrado en la habitación del hotel por su secretario,
Ramón J. Velásquez, diciendo frases incoherentes y con la mirada perdida.
Escalante tal vez no supo cómo vivir con la presión
de ser aclamado por todos los sectores políticos del país (militares, adecos y
comunistas) o quizás – y como siempre acusó su familia – existió una teoría de
la conspiración.
¿Bien con todos?
Escalante fue un marcado demócrata, a pesar de
haber participado en los gobiernos dictatoriales de Cipriano Castro, Juan
Vicente Gómez, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita; tuvo ideas
revolucionarias que llamaron a atención de los disidentes comunistas y adecos,
quienes llegaron a reunirse clandestinamente con Escalante en Estados Unidos.
Diógenes siempre desmintió las tertulias con los
comunistas debido a que su gran amigo, el presidente estadounidense Harry
Truman, era un político de marcado rechazo al comunismo; no obstante, el
encuentro con Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios sí fue un hecho
público y notorio.
No se sabe si Escalante realmente estaba
“encompinchado” con adecos, comunistas y medinistas al mismo tiempo, pero el
hecho de que el Partido Democrático Venezolano (PDV – Medina Angarita) y Acción
Democrática apoyaran a un mismo candidato a la presidencia era algo sin
precedentes, y que una vez fuese retirado Escalante como candidato se efectuó
el golpe de Estado que derrocó a Medina, también abre muchas interrogantes
sobre su locura.
Teoría de la conspiración
No queda la menor duda de que el insurgente gremio
de Acción Democrática fue el artífice del Golpe de Estado que le asestaron a la
progresiva (aunque dictatorial) Venezuela de Medina Angarita, pero lo que no
está claro es si también los adecos propiciaron la locura de Diógenes
Escalante.
Los políticos socialdemócratas, liderados por
Rómulo Betancourt, junto a un grupo de militares de alto rango (Delgado
Chalbaud, Pérez Jiménez, etc.) tomaron el control de las riendas políticas del
país, mientras que Escalante “disfrutaba” de su locura en Estados Unidos, donde
luego desaparecía del panorama político nacional.
La locura de Escalante desató un debate
interminable entre los historiadores de este país. ¿Realmente llegó a volverse
loco el candidato unitario? Algunos sostienen fielmente esta hipótesis, otros
por el contrario creen que el mismo Escalante inventó la enfermedad para huir
de la gran responsabilidad de dirigir a adecos, comunistas y medinistas por
igual. Tampoco se descartó la idea de que la locura del político haya sido
inducida por algún experimento psicotrópico de los distintos sectores políticos
que aparentaban apoyar al futuro Presidente, no obstante, la verdad quedará
oculta debajo de los epitafios donde yace inerte el primer gran candidato de la
unidad venezolana.
Es una
fría mañana a principios de 1947; A las afueras del hospital Psiquiátrico de
Hartford, en Estados Unidos, tres personas caminan lentamente hacia el
automóvil que los espera; Escoltado por su hija y su esposa, un hombre
delgado y débil camina con dificultad, tiene la mirada perdida y llena de
amargura…
Hace frío, de detienen un momento y el dice lentamente a su esposa:
-
Estoy muerto… estoy muerto..
Su
nombre es Diogenes Escalante, el hombre que pudo haber sido el primer
presidente elegido democráticamente en la historia de Venezuela.
Para los
pocos que conocen la historia contemporánea de Venezuela, Diogenes Escalante es
una figura trágica. Luego de la cruenta dictadura de Juan Vicente Gomez y los
gobiernos militares de Lopez Contreras e Isaias Medina Angarita, era
Escalante “El candidato de la unidad” en las que serian las primeras
elecciones democráticas, sin embargo, un repentino ataque de locura (que fue
diagnosticada como una arterioesclerosis) antes de las elecciones dieron al
traste lo que pudo haber sido un presente muy distinto al que actualmente
conocemos; Vendrían dos golpes de estado y una nueva dictadura antes de tener
el primero de los presidentes legítimamente elegido por el pueblo mediante
votaciones libres (Rómulo Betancourt en 1959)
Fue Escalante un exitoso diplomático, quien comienza su carrera en los tiempos
de Cipriano Castro. Aunque casi toda su vida se mantuvo fuera del país, nunca
fue ajeno a la realidad nacional y se convertiría, con el tiempo, en un
político brillante. En 1921, tuvo una participación importante en la formación
de “la liga de naciones” (en organismo antecesor de la ONU) encargándole
importante labores. Durante la dictadura de Gomez, trato de mostrar la
conveniencia de la nacionalización de la industria petrolera y el cobro de
impuestos a las trasnacionales. Esto ultimo, seria aplicado veinte años
después, en 1948 por Juan Perez Alfonzo, quien después tomara parte de las ideas
de Escalante y las utilizara como base para la formación de la OPEP.
Lamentablemente, las ideas de Escalante nunca fueron tomadas en cuenta durante
la dictadura de Gomez, sin embargo, sus sucesores apreciaban las virtudes de
Escalante y fue visto también por sus contemporáneos como el
candidato idóneo para la transición hacia la democracia y continuar la labor de
modernidad iniciada por el general Medina Angarita.
La repentina locura de Escalante el 2 de septiembre de 1945 en el hotel Avila
sigue siendo un misterio. En los días siguientes, fue recuperando la razón,
pero políticamente se había tomado la decisión de sustituirlo por Angel
Biaggini, un político gris.
Escalante fue trasladado discretamente a los estados unidos, donde estuvo recluido
en la clínica psiquiatrica de Hartford por más de año y medio. Aunque nunca fue
sometido a pruebas toxicologicas, su familia siempre pensó que fue envenenado.
Después de ser expuesto a tratamientos de electroshock y fármacos,
Escalante nunca fue el mismo. Rehuía de todo lo que tuviera que ver con
Venezuela y se burlaba con cruel ironía de su propia locura. Cuando murió en
1964, su cuerpo fue traído a Venezuela con la discreción que solo el olvido
puede dar. Habían pasado muchísimas cosas, y la historia había sido escrita por
el destino de otra forma…
* A la memoria de
ese extraordinario venezolano que fue el Dr. Ramón J. Velásquez, quien me
distinguió con un afecto heredado de la extraordinaria amistad que en su
juventud cultivara con mi padre, y quien en nuestra última conversación, en
diciembre pasado, me motivó a seguir escribiendo estas crónicas históricas que
leía semanalmente
Enjundioso historiador y distinguido y honorable
hombre público, cuya larga hoja de servicios al país culminaron con la
Presidencia provisional de
la República en dramáticos momentos, el Dr. Ramón J. Velásquez tiene un lugar
muy bien ganado en el reconocimiento colectivo de los venezolanos y en nuestra
historia contemporánea. Investigador acucioso, cronista, periodista y abogado,
su extensa obra histórica ha recreado con prosa exquisita procesos históricos
trascendentales como la “caída del liberalismo Amarillo”, o personajes de tanta
significación en nuestro devenir como Juan Vicente Gómez, paisano de Velásquez
y el más longevo de nuestros dictadores, con quien el ilustre historiador se
atrevió a sostener sus “conversaciones imaginarias”, pero quizá sea una
relación fortuita y efímera del novel reportero Velásquez con el Dr. Diógenes
Escalante, la que le permitió a él mismo ser testigo privilegiado de un hecho
que cambió la historia de la segunda mitad del siglo XX venezolano.
la República en dramáticos momentos, el Dr. Ramón J. Velásquez tiene un lugar
muy bien ganado en el reconocimiento colectivo de los venezolanos y en nuestra
historia contemporánea. Investigador acucioso, cronista, periodista y abogado,
su extensa obra histórica ha recreado con prosa exquisita procesos históricos
trascendentales como la “caída del liberalismo Amarillo”, o personajes de tanta
significación en nuestro devenir como Juan Vicente Gómez, paisano de Velásquez
y el más longevo de nuestros dictadores, con quien el ilustre historiador se
atrevió a sostener sus “conversaciones imaginarias”, pero quizá sea una
relación fortuita y efímera del novel reportero Velásquez con el Dr. Diógenes
Escalante, la que le permitió a él mismo ser testigo privilegiado de un hecho
que cambió la historia de la segunda mitad del siglo XX venezolano.
En medio de una profunda crisis política, que
permitía presagiar fatales acontecimientos, apareció como una suerte de
“milagro salvador” la candidatura a la Presidencia de la República del Dr.
Diógenes Escalante, embajador de Venezuela en Washington, diplomático de
dilatada trayectoria, exministro del Interior y de la Secretaría de la
Presidencia en los días difíciles que siguieron a la muerte de Gómez, y donde
el país en medio de serias confrontaciones buscaba enrumbar una transición
hacia la democracia.
En enero de 1945, el panorama político del país
presentaba un cuadro complejo y difícil, con actores e intereses contrapuestos
que amenazaban con tranzarse en una disputa que podía derivar hacia escenarios
trágicos. El presidente de la República, general Isaías Medina Angarita, y su
antecesor el general en jefe Eleazar López Contreras habían pasado de una
relación amistosa y estrecha de muchos años, hacia una pugna primero soterrada
y luego pública, que había dividido las fuerzas del andinismo, cuya hegemonía
en el poder se remontaba a la invasión capitaneada por Cipriano Castro en 1899,
y que comprometía seriamente su continuidad en el poder, escindiendo sus
factores civiles y militares de sustentación.
El cuadro de tensiones y amenazas, se completaba
en el campo civil con el partido Acción Democrática que bajo la conducción de
su líder Rómulo Betancourt, había hecho consecuente oposición al gobierno de
Medina Angarita, apareciendo como una fuerza renovadora, modernizadora,
expresión de las corrientes avanzadas y progresistas que emergían en la
sociedad venezolana, y cuyo planteamiento fundamental orbitaba en torno al
derecho de los venezolanos a elegir mediante el voto universal, directo y
secreto a sus gobernantes, incluyendo al mandatario que debía sustituir al
general Medina Angarita.
El Ejército, institución fundamental de
estabilidad y gobernabilidad, se encontraba sin que sus jefes tradicionales, incluyendo
los generales Medina y López Contreras, lo supieran, socavado en su disciplina
y lealtad al régimen, al experimentar en sus filas una cada vez más profunda y
numerosa conspiración, motivada por sus cuadros jóvenes, oficiales egresados de
la Academia militar, que se oponían al manejo de los viejos oficiales “chopo e’
piedra”, privilegiados dentro de la institución, y quienes reivindicaban
mejoras profesionales y sociales desatendidas por las gestiones de Medina
Angarita y López Contreras.
Lo que auguraba un choque de trenes frente a las
aspiraciones del general López por volver al poder en oposición al gobierno
medinista, la negativa del primer mandatario a propiciar una reforma
constitucional que permitiera la elección popular de su sucesor, la embestida
acciondemocratista exigiendo sufragio universal y una conspiración que día a
día ganaba más adhesiones al interior de los hombres de uniforme, de pronto
pareció disiparse al anunciarse la candidatura del Dr. Diógenes Escalante, que
en medio de aquel panorama de dinámicas impredecibles, aparecía como factor de
entendimiento y consenso entre los sectores en pugnas.
La llamada “fórmula Escalante” anunciada por el
presidente Medina Angarita, neutralizaba las aspiraciones del general López
Contreras, pues la vieja amistad y el paisanaje entre ambos, incluso el hecho
de haber sido Escalante el preferido del viejo general en 1940 para la
Presidencia, impedía, aun a regañadientes, que las aspiraciones de López
pudieran justificarse y aparecer como elemento de división dentro de las filas
andinas, que ahora encontraban una figura que los compactara. Acción
Democrática, el más fuerte grupo político opositor a Medina, había sellado con
el Dr. Escalante un acuerdo de respaldo a sus aspiraciones, cuando Rómulo Betancourt
y Raúl Leoni fueron hasta Washington para condicionar su apoyo a las reformas
que el nuevo gobernante se comprometía a realizar, y de paso cumplieron labores
de disuasión y apaciguamiento entre los militares conspiradores, con quienes ya
habían establecido acuerdos, y a quienes convencieron de respaldar la evolución
civil a la crisis.
Bajo el signo de la tranquilidad y la distención
que el país había recobrado, frente al anuncio de una candidatura de consenso,
el 17 de agosto de 1945 arribó al país el Dr. Diógenes Escalante, miles de
personas se hicieron presentes en su recibimiento en el aeropuerto de
Maiquetía, y una caravana de más de tres mil automóviles, lo acompañó hasta la
capital. No había dudas, Escalante sería aclamado por el Congreso como próximo
presidente de Venezuela, y reunía en torno a su nombre las expectativas y
esperanzas del conjunto de los venezolanos.
En una tan extensa como grata comunicación que me
hiciera llegar el muy apreciado Dr. Ramón J. Velásquez, cuya amistad heredada
de mi padre, su compañero desde las aulas del liceo Caracas, me honra, a
propósito de la edición de mi libro Choque de generales, la ruptura que
liquidó la hegemonía andina, refiere las circunstancias bajo las cuales
tuvo la oportunidad de ser testigo de excepción del drama que cambió la
historia venezolana de la segunda mitad del siglo XX, lo que le confiere a su
descripción de los hechos especial significación .
Comienza el distinguido historiador, reseñando
las circunstancias que lo llevaron a desempeñarse como redactor político del
diario Últimas Noticias. “En 1944, terminada ya mi carrera
universitaria, quise tomar parte en las tareas del periodismo político y hablé
con Francisco José Delgado y Juan Bautista Fuenmayor, directores del tabloide
Últimas Noticias. Me aceptaron y me asignaron como tarea principal las
informaciones políticas, que desde la fundación de Últimas Noticias y El
Nacional adoptaron todos los diarios caraqueños.
El expresidente Velásquez se acerca en su relato
a la situación política existente y a la decisión gubernamental de respaldar la
opción presidencial del Dr. Diógenes Escalante: “ Supe en 1944, cuando estos
acontecimientos ocurrían, que el Presidente Medina había enviado a Washington a
su hermano, el doctor Julio Medina Angarita, consultor jurídico entonces de la
Presidencia de la República, para que le preguntara al Doctor Escalante si
estaba dispuesto a ser candidato presidencial del Partido Democrático de
Venezuela, y que el doctor Escalante le pidió un plazo para pensarlo, pues tenía
que hacer algunas consultas sobre su salud. La noticia de esa entrevista llegó
a mi conocimiento en una conversación familiar, en casa de la hermana de
Diógenes Escalante, la señorita Lola Escalante, persona muy culta e interesada
en la vida política de su hermano”.
En la continuación de su evocación sobre aquellos
difíciles días de finales de 1944 y comienzos de 1945, el Dr. Velásquez
refiere: “A medida que avanzaba el año y se acercaba el final del periodo del
general Isaías Medina Angarita, los acontecimientos aceleraban su presencia y
más de una persona interesada en estos acontecimientos relacionaba el viaje de
Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Antonio Bertorelli a Washington para ofrecerle
el lanzamiento de su candidatura a Escalante, vino después el tiempo agitado
que corrió con la llegada de 1945. Se dijo que ante la oferta de Betancourt,
Escalante había aceptado postular su candidatura y en la llegada al aeropuerto
de Maiquetía, Escalante pudo ver unas tres mil personas que le presentaron su
saludo”.
Las circunstancias en las cuales nuestro ilustre
historiador entró en contacto con el candidato Presidencial y seguro nuevo jefe
de Estado para el periodo 1946-1951, las explica: “Escalante fue conducido a la
suite Presidencial del hotel Ávila, que se convirtió, el hotel, en lugar
frecuentado por la clientela política. El director de Últimas Noticias, Kotepa
Delgado, me pidió que entrevistara al doctor Escalante. Logré la entrevista,
donde como siempre elegantemente vestido, con un correcto manejo del idioma me
dio algunas declaraciones, pero yo no me conformé con esto y fui a la casa de
los Escalante a pedirle a la hermana del candidato, Lola Escalante, que me
suministrara más datos sobre la actividad que en ese momento cumplía su hermano
en el mundo diplomático, pues por una parte en los últimos años de la Liga de
las Naciones fue tomado muy en cuenta y también lo fue entre los fundadores de
la Organización de las Naciones Unidas –ONU- y ahora era nuestro embajador en
Washington”.
La entrevista al candidato Diógenes Escalante,
condimentada con toda la información recaudada por el joven periodista
Velásquez, fue destacada como tubazo en Últimas Noticias, lo que
tendría para el redactor inesperadas consecuencias que el mismo señala: “Lola
Escalante era una persona que sabía manejar cartas y archivos, y tenía todas
las intervenciones que su hermano había tenido en la vida internacional y en
representación de Venezuela, en archivos traducidos. De allí tomé gran número
de frases que habían sido pronunciadas en jornadas de la fundación de la ONU,
en San Francisco y Río de Janeiro. Dos días más tarde de la publicación de la
entrevista, me dijo Oscar Yánez, que ya era persona muy apreciada en la
redacción del periódico, que me solicitaba el doctor Pastor Oropeza, el eminente
pediatra y presidente del PDV (Partido Democrático de Venezuela). Ante esta
inesperada visita, le dije a Yánez ‘que pase’ y vi cerca de mi máquina de
trabajo la figura del caroreño ilustre. Fue categórico, me dijo que la
entrevista era fundamental, pues hasta el presente Escalante no había querido
hablar, y me pidió autorización para publicarla en hojas sueltas y difundirlas
en todo el país. Los directores del periódico estuvieron de
acuerdo, pero dijeron que al final se dijera “tomado de Últimas Noticias”.
El propio candidato se muestra complacido por la
manera como el joven reportero ha organizado sus ideas y propuestas en la
entrevista publicada, y propicia un encuentro con Velásquez a través de su
cuñado Ángel Álamo Ibarra, donde luego de las salutaciones de rigor y de
comentarle las vicisitudes que habían marcado los inicios de su carrera en el
servicio exterior en tiempos de Cipriano Castro, pasó a interpelar a su paisano
periodista. “Me preguntó el doctor Escalante a qué hora iniciaba mi trabajo
diario. Y le dije que a las ocho y media de la mañana todos los días. Y
entonces me dijo: ‘Usted conserva los hábitos andinos de levantarse temprano’,
le contesté que sí. Y entonces me respondió: ‘Por qué no trabaja conmigo, desde
las seis y treinta de la mañana hasta las ocho, y yo lo envío en automóvil a su
trabajo’. Acepté la oferta, para mi muy interesante y que apenas duraría algo
más de un mes, pues vino la crisis cerebral del doctor, muy conocida”.
Y luego, acercándose al desenlace del drama que conmovería
a Venezuela, y abriría las espitas para un cambio fundamental en la vida
política del país, el Dr. Velásquez narra: “En los días en que concurría a mi
nuevo trabajo, lo encontraba siempre elegantemente vestido y su conversación y
reflexiones no mostraban ninguna alteración, excepto en la última semana,
cuando después de estar hablando con una persona, durante largo tiempo y
despedirlo cordialmente en la puerta de su apartamento, me dijo: ‘Con quién
estaba hablando yo’. Y le respondí que con el doctor Pedro Guzmán. Y entonces
me contestó: ‘Ese es un joven abogado zuliano que sabe mucho de petróleo, si
llego a la Presidencia, porque es útil, sabe su materia’.
El distinguido hombre público, ocupando en
aquellos esperanzadores días la posición privilegiada de secretario privado del
candidato de consenso a la Presidencia de la República Dr. Diógenes Escalante,
fue observador de primera mano de los acontecimientos que determinaron su
colapso mental e inhabilitación para tan alto destino y cuenta: “Pocos días
después, al llegar una mañana a su oficina, abrió la puerta de la misma el
propio doctor Escalante. Estaba como siempre correctamente vestido, tenía en
sus manos el periódico. Pocos instantes más tarde, sonó el teléfono, lo atendí
y una voz me dijo: ‘Soy el coronel Valera, del cuerpo de edecanes. El señor
Presidente está esperando al doctor Escalante para el desayuno acordado y ya
están todos los invitados’. Pedí un momento para acercarme al sitio donde
estaba Escalante, y le repetí el mensaje. Me dijo: ‘No puedo ir, pues me
robaron las camisas, ese fue mi cuñado’, y yo le respondí que había visto en
una mesa de su dormitorio, numerosas camisas y él me respondió que esas camisas
eran de Ángel Álamo. Me acerqué de nuevo al teléfono para decirle al edecán lo
que el doctor Escalante decía, y me respondió: ‘No puedo creer lo que dice
usted’. Y a mi turno le dije, eso dice el doctor Escalante. El edecán muy
alarmado, debió llamar al Presidente Medina que se acercó al teléfono y se
identificó para hablar, y me dijo: ‘Quiénes más están ahí’. Le respondí que
únicamente Escalante y yo. Me dijo entonces: ‘No deje entrar a más nadie, que
en diez minutos le llega mi gente’. Hablaba desde Miraflores.
El asombro y la sorpresa cunden en el circulo
presidencial, y como lo relata Ramón Velásquez: “Efectivamente, llegó un grupo
a la suite Presidencial presidido por don Pedro Sotillo, secretario desde pocos
días antes de la Presidencia de la República y formado por el Consultor
Jurídico de la Presidencia, Doctor Carrillo y un grupo de militares, entre los
cuales estaba uno que se identificó como jefe de la inteligencia militar y me
dijo: ‘El Presidente desea hablar con usted, el automóvil que está abajo lo va
a llevar a Miraflores’. Fui a Miraflores, de inmediato me atendió el
Presidente, quien me dijo después de algunos datos que le di: ‘El doctor
Escalante tenía que estar muy confundido viendo cosas como las que estaban
sucediendo, que su compañero de infancia y de colegio, el General Eleazar López
Contreras, y a quien el propio López quiso lanzar como candidato a la
Presidencia, fuera ahora su adversario en esta lucha. Yo le voy a mandar a uno
de mis médicos, al doctor Rafael González Rincones, que estudió y se graduó en
Paris, para que lo vea, ellos son muy amigos’.
La situación del Dr. Diógenes Escalante pronto
trasciende y conmueve a la opinión pública, dándose inicio al epílogo de un
drama de insospechadas consecuencias para la historia venezolana. El
expresidente, ahora como cronista de los hechos refiere: “En la tarde de ese
día se presentó en Miraflores el presidente de Acción Democrática, Don Rómulo
Gallegos, reclamando que a Escalante lo tenía escondido el gobierno. El
Presidente Medina lo invitó a su despacho y de allí salió la convocatoria de
una reunión de siquiatras, tres por la oposición, tres por el gobierno,
presididos por un médico de mucho prestigio, que no era siquiatra, el doctor
Enrique Tejera”. Y de seguidas agrega: “Desde las primeras horas de la tarde se
reunieron en la casa de Ángel Álamo Ibarra, en Campo Alegre, los médicos en el
dormitorio, hablaron como dos horas con el doctor Escalante. En los corredores
de la casa estaban reunidos en un grupo Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Alfredo
Bertorelli y Gonzalo Barrios, en otro extremo los doctores Pastor Oropeza,
Leopoldo García, Víctor Manuel Rivas y otros miembros del partido de gobierno o
PDV. Había otro grupo encabezado por Jóvito Villalba, Manuel López Rivas y
Domínguez Chacín, y un cuarto grupo integrado, entre otros, por Miguel Moreno,
Ricardo González, Antonio Arellano Moreno y otros tachirenses”.
Las dudas y conjeturas que se tejen en las
tertulias de la residencia donde se encuentra siendo examinado el Dr.
Escalante, pronto serán disipadas por el diagnóstico fatal, según cuenta
Velásquez: “Cerca de las seis de la tarde se abrió la puerta del dormitorio y
se presentó el doctor Enrique Tejera, para decirnos que este importante examen
ha terminado. ‘Yo no soy siquiatra, que hablen los siquiatras’. El primero que
habló fue el médico cubano doctor León Mir, a quien Acción Democrática había
confiado la cabeza del grupo. Después habló por el grupo designado por el
gobierno, el doctor Francisco Herrera Guerrero. A medida que hablaban los
siquiatras, la concurrencia de políticos espectadores se hacía más escasa.
Finalmente, hay una fotografía de Últimas Noticias en la primera plana del
periódico, en donde marchan Betancourt y Leoni con caras de contrariedad, y
como cierre de la tragedia del doctor Escalante, que pronto tendría
repercusiones para Venezuela, el ilustre historiador testigo de excepción de
todas aquellas incidencias, agrega: “Allí termina con el vuelo que tres o
cuatro días más tarde, desde Maiquetía hasta Washington, en avión militar
norteamericano que llevaba al embajador Escalante, decano del cuerpo
diplomático de Washington, para ser examinado en un importante hospital de la
capital de los Estados Unidos”.
Los destinos de dos tachirenses, Diógenes
Escalante, candidato de consenso a la Presidencia de Venezuela, y él para
entonces joven reportero y luego laureado historiador y distinguido hombre
público Ramón Velásquez, se cruzaron en agosto de 1945 para ser uno
protagonista y otro testigo privilegiado de un drama personal que muy pronto
cambiaría el destino de Venezuela.
UN LIBRO SOBRE DIOGENES ESCALANTE: "EL
PASAJERO DE TRUMAN"
De manos de un buen amigo recibí, en Virginia, un bien diseñado volumen escrito por Francisco Suniaga, (en la foto), autor a quien no conocía, llamado “El Pasajero de Truman”. En forma de narración o, si se quiere, de un largo diálogo entre dos ancianos, Román Velandia y Humberto Ordoñez, el libro describe el episodio central en la vida del abogado tachirense Diógenes Escalante, diplomático y político venezolano, quien por tres veces estuvo cerca de ser nombrado presidente de la república, sin lograrlo. La tercera vez fue cuando estuvo más cerca y la que ha despertado mayor perplejidad por parte de los venezolanos. Era Embajador de Venezuela en Washington, un hombre formado en el exterior y alejado del país por casi toda su vida adulta, cuando fue llamado por Isaías Medina Angarita para ocupar la presidencia de Venezuela en su reemplazo. Logró el apoyo un tanto reticente de Rómulo Betancourt, principal líder de la oposición y, por supuesto, el del gobierno de Medina Angarita. Todo parecía estar sellado y refrendado, a pesar de las objeciones de Eleazar López Contreras, quien deseaba regresar al poder. El Dr. Escalante llegó a Caracas rodeado de un gran entusiasmo popular y comenzó a recibir visitantes, casi todos empeñados en obtener sus favores, como siempre ha sido el caso en nuestro país. A los pocos días de haber llegado, algunos manerismos y actitudes poco usuales, confundidos al principio con un natural agotamiento producido por el trajín, comenzaron a tomar cuerpo. Un día que debía desayunar con el Presidente Medina no se presentó a la cita, alegando que “sus camisas habían sido robadas”, aunque estaban allí, donde debían estar y aunque él ya se hallaba elgantemente vestido para la cita. Los examenes médicos hechos al candidato, casi presidente, por petición de Medina Angarita, revelaron una demencia senil. Con la mayor discreción posible el Dr. Escalante retornó a Washington, en un avión enviado por su buen amigo, el Presidente Truman. Viviría Escalante unos 20 años más en USA, con altibajos en su condición mental, hundiéndose lentamente en la silenciosa oscuridad de la locura.
El texto de Suniaga se centra en Escalante y en su atractiva personalidad: educado, elegante, fisicamente atractivo, caballeroso, muy cortés con todos, los poderosos y los humildes. A principios del siglo XX ir a pedir favores al poderoso era tan frecuente como ahora. Aún jóven, Escalante fue a pedirle una posición a Cipriano Castro y obtuvo el consulado venezolano en Liverpool. Sirvió a Castro y, luego, sirvió por largos años a Gómez. Fue gomecista leal, aunque sabía lo que Gómez representaba para el país. Tan leal fué que Gómez pensó seriamente en nombrarlo presidente (“el minúsculo”, ya que Gómez era llamado “el mayúsculo”) ) en reemplazo de Juan Bautista Pérez, pero decidió conservar la presidencia para sí, practicamente a última hora. Muchos venezolanos, incluyendo a los más ilustrados, sirven a un déspota de quien han recibido favores o buen trato. Recuerdo a un amigo, a quien quise mucho hasta que se reveló como chavista, quien me decía que él no podía hablar mál de Jaime Lusinchi “porque le había hecho instalar un teléfono en su finca”. El autor del libro pone en boca de Escalante una contradicción similar: “dejé de ser gomecista en cuanto a lo político…[pero] mantuve mi amistad y lealtad con él. Estaba persuadido de que Gómez era nefasto para el país pero no podía dejar de reconocer que había sido mi benefactor….”
El largo diálogo entre los dos ancianos, Velandia y Ordoñez, es rico en interesantes atisbos acerca del quehacer político, con sus buenas y muchas malas cualidades. En relación con el ejercicio de la presidencia Truman le dice a Escalante: “Es muy dificil ser presidente y seguir siendo el hombre que has sido”, comentando sobre la deshumanización implícita en el puesto. Al comentar sobre el éxito social y político estadounidense y el fracaso venezolano, Escalante dice que los pobladores originales de Estados Unidos eran gente religiosa, buscando libertad. En cambio, agregaba, nosotros, los venezolanos, venimos de una tribu caribe cuyo credo central era “Ana Karina Rote”(solo nosotros somos gente). Luego llegarían los conquistadores, la hez de España y los negros africanos. Escalante remataba diciendo: “Venezuela tiene una falla de origen…”.
En otros pasajes del libro Rómulo Betancourt sale bien parado, al resaltarse su convición democrática y su apego a la alternabilidad en la presidencia, ejemplo que no termina por contagiar a quienes han venido después.
Los venezolanos salen bastante mál. Desde Castro, pasando por Gómez y Pérez Jiménez hasta hoy han sido aduladores, pedigueños,hasta rastreros, en realidad mientras más educados más rastreros. Carlos Escarrá, Francisco Arias Cárdenas y Alfredo Toro Hardy se hubieran movido como peces en el agua en los salones de Cipriano o de Juan Vicente, sin el menor rubor.
Los dos ancianos de ficción, quienes dialogan durante el libro parecen ser, en la realidad, una sola persona, Ramón J. Velasquez [Román Velandia], pués no he encontrado ninguna referencia al Hugo Orozco [Humberto Ordoñez] quien fue, según el libro, el secretario privado de Diógenes Escalante por mucho tiempo. Las conversaciones entre los dos ancianos constituyen la vía utilizada por el escritor para desarrollar las reminiscencias de Velazquez, quien fuera el secretario de Escalante en Caracas por breves días y quien tuviera a su cargo notificarle al Presidente Medina el problemita que se le había presentado de improviso al candidato.
Un libro sabroso, escrito en una prosa limpia, elgante y sencilla, reflejando con acierto el agradable hablar de los venezolanos de antaño, un hablar ya perdido y reemplazado, en una muestra de hororosa involución, por la logorrea escatológica y procaz del líder actual.
Con este volumen Suniaga hace un valioso aporte a la novela política venezolana, descuidada desde hace décadas, practicamente inexistente en un país carente de cronistas.
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El Caracazo y los golpes de 1992
Resumen
El presente ensayo, partiendo de una orientación
comprensiva, estará concentrado en tres partes fundamentales. La primera de
ellas, se propone describir el proceso que para muchos analistas es considerado
como la manifestación e inicio de la decadencia de la democracia venezolana,
que comienza a partir del año de 1989 con el conocido “Caracazo”, evento el
cual se suscitó bajo el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez. No obstante, al
realizar una lectura histórica, sociopolítica, y económica de este hecho hasta
nuestros días, es evidente que el Estado venezolano, y su sociedad empieza a
configurarse de manera diferente y sólo era cuestión de tiempo para que se
empezaran a notar los cambios. La segunda parte del ensayo consiste
en caracterizar el fenómeno del chavismo, desde su llegada al poder hasta
el año 2007, con la no aprobación de la Reforma Constitucional, suceso que
refleja la primera derrota electoral del gobierno de Chávez. En la tercera y
última parte del ensayo, se intentará ofrecer modestamente la comprensión
del fenómeno del chavismo que ha sido catalogado por innumerables
analistas, medios de comunicación, sociedad civil, partidos políticos,
como régimen totalitario, partiendo de una reflexión sociológica, de los hechos
anteriormente nombrados como son: el Caracazo, y la llegada de Hugo Chávez al
poder se indicará hasta el presente si Venezuela es totalitaria, o tiene rasgos
de esta forma de gobierno. Las categorías conceptuales que ayudarán a aproximarse
hacia la comprensión del chavismo serán tomadas del modelo abstracto que
concibe el autor William Kornhauser, que son conocidas como las
“condiciones de la sociedad de masas” la cual contempla las variables: la
accesibilidad a las élites, y la disponibilidad de grupos que no constituyen
élites
Aumento de la gasolina, y enseres básicos detonantes de la
revuelta: El Caracazo
Durante el fin de semana del 25 y 26 de febrero de
1989, (López Maya, 2006) entró en vigencia en todo el país el aumento en 100% del
precio de la gasolina, según lo pautado por la política de ajustes
macroeconómicos anunciada por el gobierno del presidente Pérez el día 16, así
como el consiguiente aumento de las tarifas del transporte público. El impacto
de estas medidas no se haría esperar, y en cuestión de horas se alza una
revuelta popular, sin precedentes.
En Caracas, como en las otras grandes ciudades del
país, se instalaron barricadas, cierres de vías, quema de vehículos, saqueos a
comercios, balaceras de la policía hacia ciudadanos, se presentaba un desorden
social de gran escala registrado en el país y por supuesto la ruptura del
espacio político e institucional del Estado presidido en aquel entonces por
Carlos Andrés Pérez, esté sin embargo restableció el orden a la fuerza, pero ya
el daño estaba hecho. Se dice que el daño ya estaba hecho, porque desde este
momento la sociedad venezolana, percibe por completo la debilidad político
institucional, en donde se transmite la sensación antipolítica y anómica de la
sociedad venezolana, en dónde se empieza a tener una percepción negativa de sus
dirigentes, ya que estos no lograron materializar los intereses colectivos, los
cuales los llevaron a ocupar el poder. Y el discurso que empieza a tejerse en
el imaginario colectivo, es que la política no sirve para nada, la política
solo sirve para beneficiar a un pequeño grupo o élite.
Según la literatura especializada, sobre las
revueltas urbanas, las acciones del estilo de las practicadas durante el
Caracazo son propias de sociedades pre-modernas, pues en las modernas la
conflictividad social se exterioriza bajo la conducción de actores organizados
y desde un repertorio de formas de protesta cuya naturaleza es más bien
pacífica o convencional y en casos especiales confrontacional. (López, Maya, M,
(2006), p: 62-63).
Siguiendo lo reseñado por dos de los principales
diarios capitalinos de circulación nacional, El Nacional y El Universal, el 27
de febrero, a primera hora de la mañana, comenzaron las primeras protestas en
algunos puntos neurálgicos del transporte colectivo suburbano de la ciudad
capital.
En el terminal de Nuevo Circo de Caracas, lugar de recepción de quienes vienen
de las ciudades dormitorios, y en las paradas de transporte colectivo para
Caracas de las ciudades dormitorios de la Guaria, Catia La Mar y Guarenas antes
de las seis de la mañana comenzarían las primeras protestas. (López, Maya, M,
(2006), p: 65-66)
Durante la tarde y horas de la noche del día 27 de
febrero las protestas toman mayor fuerza, en Caracas y otras ciudades y se
intensificaron al caer la noche. Posteriormente, en la madrugada el Ejército fue ordenado a
salir a las calles para control militar de la ciudad.
El 28 de febrero: La búsqueda del control
a través de la represión
Luego de la noche de saqueos en áreas comerciales
de la ciudad capital, en sus suburbios y en algunas ciudades del interior, el
martes se generalizó la rebelión en buena parte de las ciudades del país. En
Caracas, las principales avenidas fueron tomadas por centenares de
manifestantes que destrozaron puertas y vidrieras y se apoderaron de todo. Entre las
consignas que se oían y quedaban escritas en las paredes de la ciudad estaban:
“El pueblo tiene hambre”, “El pueblo está arrecho, “¡Basta de engaño¡”
(López, Maya, M, (2006), p: 71).
Durante las primeras horas de la revuelta popular,
el Estado no aparecía, no daba explicaciones de lo estaba sucediendo en las
calles de la ciudad, en consecuencia la incertidumbre aumentaba velozmente.
Aproximadamente las seis de la tarde, como señalan historiadores interesados en
reconstruir esté capítulo de la historia venezolana, se produjo una
cadena nacional de los medios de comunicación y el presidente Pérez en compañía
de su gabinete declaró la suspensión de las garantías constitucionales y el
estado de sitio de 6:00pm a 6:00am en los próximos días.
Con el toque de queda, la rebelión comenzó a ceder
empujada por una represión atroz que se desato contra la población, sobre todo
contra los habitantes de las barriadas populares de Caracas. Esta represión ya
se había manifestado en ciertas zonas de la ciudad durante el día, pero se
intensificó en la noche y los días siguientes. Las distintas policías y el
Ejército, en un desesperado intento por controlar la situación, se ensañaron
contra los vecinos en los barrios populares. (López, Maya, M, (2006), p: 71).
Con las medidas de control represivo que se
implementaron desde el Estado para controlar a la masa enardecida, por las
medidas macroeconómicas tomadas por CAP y su gabinete, se logra la calma en los
días siguientes. El saldo de la acción represiva del Estado dejo innumerables
pérdidas económicas, políticas y severas fracturas en la sociedad venezolana
que posteriormente fueron capitalizadas por grupos de izquierda, y otros grupos que
aprovecharon el ambiente de la antipolítica. Frente a los continuos movimientos
sociales, que se presentaban en el país a principios de la década de los
ochenta la democracia venezolana instaurada desde el año de 1958, con la caída
de Marcos Pérez Jiménez y la firma del “Pacto de Punto Fijo”, está democracia
se veía asediada por los continuos levantamientos que se producían en el país.
El evento del “Caracazo” puede ser descrito sociológicamente a través de la
postura de Alan Touraine, sobre “Los Movimientos Sociales Periféricos”.
La idea más simple es que hay diversas relaciones
de clase y movimientos sociales que entran en interacción en un campo político
o incluso se combinan en su propio nivel. Pero el estudio de esas situaciones
históricas no basta porque los sectores modernos y los sectores arcaicos no
sólo se yuxtaponen; los primeros dominan a los segundos de modo que un
movimiento social periférico tiende a disociarse por una parte, tiende a
degradarse en su propio campo, a perder su referencia con un sistema de acción
histórica a convertirse en simple presión institucional o reivindicación
institucional. (touraine, 1995, p. 273)
En este sentido el conflicto del Caracazo,
confluyen tres elementos principales que se combinaron y produjeron este
fenómeno violento por parte de las masas.
En primer lugar la implementación de las medidas
macroeconómicas, de una u otra forma condujeron al alejamiento o
restricción de las clases populares a poseer bienes y servicios puesto que
éstos, no tenían como responder ante esta medida económica, por la escasez de
poder adquisitivo. En este sentido vale la pena destacar que en el Caracazo la
mayor parte de los lugares saqueados no eran bienes básicos, sino artículos de
consumo. El Estado en su discurso, en su acción, como clase social dirigente se
impuso con el dictamen de estas medidas, asegurando el papel de la clase
dominante.
En segundo lugar, está política fue sectaria
puesto que no contempló a los más débiles o clases populares del país, que no
serían capaz de visualizar un cambio tan radical, que cambiaría sus vidas de un
día para otro
Y como tercer elemento salen al escenario
político, movimientos de izquierda que a través de su discurso radical exigen
reivindicaciones, y deseos de justicia social. Y en vista de la larga ausencia por
parte del Estado, el colectivo busca como resolver a través de medios violentos
no institucionalizados ni amparados por la Constitución Nacional.
El 4 de febrero de 1992
A partir del “Caracazo”, y lo largo de todo el año
de 1990 el gobierno de Pérez enfrento numerosas críticas referidas al saldo de
muertes y pérdidas producidas por tal evento, se suman problemas como los:
casos de corrupción, el tratamiento de la disputa limítrofe con Colombia, en el
contexto de malestar social que los resultados positivos que mostraban los
indicadores económicos, como efecto del programa económico en marcha, no
lograban disminuir, pues no habían tenido tiempo de “permear” como era de moda
decir, a las capas más pobres de la población. Por cierto esas carencias
institucionales que se habían argumentado a favor de la estrategia de “shock”,
se hicieron sentir en la ausencia de programas sociales que compensasen los
efectos negativos iniciales de los ajustes económicos, o que acelerasen la
difusión a las capas más pobres de los efectos positivos que se fuesen
produciendo. (Bautista, Urbaneja, D, (2009), p: 91)
Con el perfil de acontecimientos negativos
suscitados durante el año de 1989, vino a integrarse otro eje que venía
desarrollándose desde hace un tiempo atrás.
…hacia 1983 un grupo de oficiales se había
conjurado para dar traste con el orden político existente. Parte de ellos
estaba bajo la influencia de grupos de extrema izquierda, de esos que vimos que
mantuvieron posiciones radicales e incluso armadas, cuando los troncos
principales de la subversión guerrillera se dieron por derrotados y se
acogieron a la política de pacificación” (Bautista, Urbaneja, D, (2009), p: 90)
Mediante un selectivo sistema de reclutamiento, en
el cual confluyeron grupos con diversas motivaciones, que desean dar un cambio
radical al orden político existente para aquel entonces. Se instaura un grupo
de conspiración, integradas por oficiales en su mayoría de Fuerzas Armadas
Nacionales (FAN). Los oficiales conspiradores del MBR-200, deciden dar el golpe
de Estado el 4 de febrero de 1992. El golpe fracasa.
A pesar de que los conjurados que tenían a cargo
misiones en Maracaibo, Valencia, Maracay, el aeropuerto de la Carlota logran
importantes objetivos, el objetivo crucial de tomar Miraflores y capturar- es
materia de controversia si el magnicidio también se contemplaba a Carlos Andrés
Pérez no pudo ser alcanzado. (Bautista, Urbaneja, D, (2009), p: 93)
El oficial a cargo era el Teniente Coronel Hugo
Chávez Frías. Fracasada la operación Chávez se rindió, y pidió a sus demás
compañeros que se rindieran, puesto que los objetivos en Caracas, no se habían
logrado. De este modo, Chávez fue enjuiciado y como alegan varios historiadores
había nacido en el país una nueva figura política: Hugo Chávez.
La llegada de Chávez al poder
Desde la caída de Marcos Pérez Jiménez en al año
de 1958, y la concreción de la firma del “Pacto de Punto Fijo”, los partidos
políticos que firman este pacto (Acción Democrática, COPEI, Unión Republicana Democrática URD),
se comprometían a aceptar y respetar los resultados electorales del partido que
resultase ganador, y a formar un gobierno de coalición en torno al presidente
que resultará electo para ese periodo, pos-dictatorial. El Pacto de Punto Fijo,
marcaba en la historia venezolana un estilo de hacer política, el cual se
fundamentaba, en el hecho de que las mayorías fueran leales y sintieran un
compromiso con el sistema democrático que para aquel entonces era endeble y
propenso a quiebres. La democracia se instaura durante cuarenta años, pero a
principios de los ochenta comienza su paulatino declive en su estructura, que
posteriormente es capitalizada por Hugo Chávez.
Como se ha narrado anteriormente a principios de
los ochenta, en eventos como el Caracazo, y el 4 de febrero las estructuras
democráticas, estaban sucumbiendo ante diversos contextos que afectaban al
país; en el contexto económico, los precios del petróleo disminuyeron
notablemente, lo cual impuso severas limitaciones a los gobiernos que llegaban
al poder. En el contexto social, las demandas sociales de la mayoría no eran
solventadas y aumentaban las desigualdades sociales; en el contexto político la
democracia afronta su crisis más fuerte puesto que la legitimidad y efectividad
de los gobiernos democráticos y sus líderes se encontraba comprometida, puesto
que eran señalados de estar vinculados en hechos de corrupción que se asocio a
grupos de élite, que manipulaban la renta petrolera, hacia sus aliados y
partidarios.
En 1984 el historiador Germán Carrera Damas, en su
trabajo “Una Nación Llamada Venezuela”, describió a Venezuela como una sociedad
abierta, en el cual la democracia y sus procedimientos, sus formas de hacer,
pensar o sentir eran valorados en sí mismos, por sectores significativos de la
sociedad venezolana.
Bajo el principio de sociedad abierta, que describe
Carrera Damas (1984) a la sociedad venezolana bajo esta premisa historiográfica
podría decirse se da el ascenso al poder de Hugo Chávez, como líder
político en su discurso toma elementos como: la retórica de antipartidos, y
antipolítica que estaban en el imaginario colectivo desde hace algún tiempo,
apalabrando en su discurso la eliminación de las desigualdades sociales y la
justicia social, en consecuencia capitaliza el descontento popular y obtiene el
apoyo de las clases medias del país, para ganar contundentemente los comicios
electorales del año de 1998.
La primera victoria electoral de Hugo Chávez abrió
un nuevo capítulo todavía en desarrollo, en la historia política venezolana.
Esa victoria recuperó de un solo golpe rasgos del pasado venezolano:
caudillismo y personalismo del líder político que ofrece justicia social a
masas de excluidos. El triunfo otorgó suficiente legitimidad al presidente para
convocar una Asamblea Constituyente que transformo completamente el sistema
institucional. (Villarroel, G, (2008), p: 71).
Chávez y su afianzamiento en el poder.
Con la aprobación de la Asamblea Constituyente se
amplió el mandato constitucional a seis años y se autorizó la reelección
inmediata, en la práctica el presidente desde entonces ha gobernado de manera
impulsiva, proponiendo e instalando progresivos cambios en el Estado y la
sociedad venezolana.
El nuevo texto constitucional, aprobado en 1999,
eliminó las bases políticas de la democracia que había conocido Venezuela y dio
inicio a una nueva legalidad: la democracia ahora sería “participativa,
protagónica y directa y dejarían de existir mediaciones entre el pueblo y los
gobernantes. (Villarroel, G, (2008), p: 71).
Con este nuevo cuadro constitucional Chávez fue
reelecto y gana las elecciones del año 2000 y seguidamente propone la Ley
Habilitante en el (2001), que es aprobada por la Asamblea, a partir de este
momento el gobierno se pone como meta intervenir y afectar la estructura de la
propiedad privada, el funcionamiento de la economía y los mecanismos
administrativos del gobierno.
Al iniciarse el año 2003 en Venezuela, hay un
segmento de la sociedad que no está de acuerdo con los cambios, propuestos por
el gobierno de Chávez se suma una clase dirigente del país al paro petrolero.
El gobierno de Chávez, sale milagrosamente y muy fortalecido políticamente de
este evento. Logra retomar las riendas del país, a su regreso despide a las
personas que se suman a este paro petrolero provenientes de PDVSA, por
considerarlos traidores a la patria que desestabilizaron al país.
En el año 2004, Chávez enfrenta un referendo
revocatorio, en el cual sale victorioso nuevamente. “Poco después culmina la
desarticulación de la legitimidad legal o racional construida después de 1958:
se desmantela la Corte Suprema de Justicia, que paso a estar compuesta por
jueces leales al presidente”. (Villarroel, G, (2008), p: 72).
En el año 2006, Chávez gana nuevamente las
elecciones presidenciales y procede a profundizar sus medidas y como encararía
los próximos años de gobierno. Esta nueva victoria electoral, impulsa el
gobierno de Chávez a tomar medidas que indican a profundizar el socialismo del
siglo XXI.
“…Desde la nueva victoria electoral y el
vertiginoso aumento de los precios del petróleo, el presidente procede al
relanzamiento de su propuesta política. Radicalizando los componentes
revolucionarios y proponiendo sin más, el paso al socialismo. Al socialismo del
siglo XXI se llegaría según la propaganda oficial desplegada a lo largo y ancho
del país, poniendo a máxima revolución los cinco motores uno de los cuales era,
justamente, La reforma constitucional. (Villarroel, G, (2008), p: 72).
En el año 2007 se entra en el apasionado, y álgido
debate sobre la Reforma Constitucional. Esta contienda electoral fue la primera
derrota del gobierno de Chávez, y la primera victoria de los grupos de
oposición que al retirarse del escenario político logran articular una serie de
esfuerzos entre diferentes actores políticos, entre los cuales destaca el
movimiento estudiantil, obteniendo como resultado que se está tejiendo o
armando un nuevo ambiente y clima cívico que propone una forma alterna de hacer
política.
¿Las acciones el Estado presidido por Hugo
Chávez apuntan hacia la conformación de un Estado totalitario?
El proyecto revolucionario del actual gobierno
propone no sólo cambios a nivel político, económico, y social sino que además
pretende transformar la cultura colectiva cívica sentida por los venezolanos desde
hace muchos años. Esta transformación alude al nacimiento del hombre nuevo, que
sigue los ideales de igualdad y solidaridad. Pero, lo curioso de Chávez y su
gobierno es que ha atentado contra la libertad, valor principal de la
democracia, y pretende igualar a todos los ciudadanos cada vez más de acuerdo a
normas y preceptos que el Estado anuncia continuamente.
Creo que es más fácil establecer un gobierno
absoluto y despótico para un pueblo en el que las condiciones de la sociedad
sean iguales que para cualquier otro, y que si un gobierno semejante llegara
alguna vez a establecerse para ese pueblo, no sólo oprimiría a los hombres sino
que eventualmente privaría a cada uno de ellos de varias de las supremas
cualidades humanas. (Tocqueville, A, 1945, VII, p: 322), citado por Kornhauser,
W, 1969)
En este sentido el proceso de continuos cambios
por parte del gobierno de Chávez obedecen al cambio estructural que el chavismo
ha realizado en el Estado a través de sus instituciones su discurso marxista
cargado de resentimiento y rabia hacia una clase social dominante quienes son los
dueños del capital económico. Es decir, Chávez ha logrado cambiar la relación
estructural entre los que tienen mucho, y los que no tenían nada o poco, esto
ha sido posible por medio de la canalización absoluta de la riqueza petrolera,
y creando la dependencia de muchos ciudadanos hacia el Estado, con la creación
de nuevos ministerios, lo que generando un aumento significativo y
descontrolado del gasto público.
El proceso histórico político de Venezuela, ha
transcurrido por altos y bajos. En este sentido la masa venezolana producto de
una democracia endeble, que no lograba disminuir las desigualdades sociales,
esta masa reacciona manifestando sus problemas a través de revueltas populares.
La masa popular ya sea mediante el liderazgo del demagogo se nutre con apoyo
popular. Chávez líder con rasgos militarista logra situarse en el poder, bajo
la consigna de reivindicaciones, y justicia social.
“Por consiguiente la sociedad de masas es la
sociedad igualitaria en la que las masas proponen líderes a su imagen y semejanza.
El resultado es que produce el gobierno de los incompetentes”. (Kornhauser, W,
(1959), p: 25)
El pueblo de Venezuela reaccionó como cualquier
otra sociedad que demanda resolución de sus problemas sociales de años
anteriores,
querían algo nuevo, y lo nuevo que nació fue el producto de la antípolitica,
cultivó en el país durante la década de los ochenta, y se materializo a finales
de los noventa. El líder creado por las masas del país, es el líder que reclama
un incremento de oportunidades, para los olvidados, por lo tanto el clima en la
sociedad venezolana, es que querían resultados de hoy para mañana. Las élites
en Venezuela transitaron por lo que es llamado por Ortega y Gasset como “una pérdida del exclusivismo de la
élites”. Es decir, la élite política, intelectual y económica
de Venezuela vivieron durante muchos años de espaldas al país, y cuando
intentan retomar su rol y mostrar su presencia, ya era demasiado tarde, el
demagogo contaba con el apoyo suficiente para hacer y transformar.
En consecuencia el chavismo se muestra como un
grupo protector, ante las élites que han dominado por mucho tiempo a los grupos
que no constituyen a la élite. Pero, en su contraparte en la sociedad
venezolana ha surgido otra élite, mal llamada por grupos de oposición como
“boliburguesía” que ha marcado su acción por la revolución que ha depuesto a la
práctica democrática en Venezuela. En el capitulo “Condiciones de la Sociedad
de Masas, (Kornhauser, (1959) define a la sociedad de masas como:
“La
sociedad de masas es un sistema social en el que las élites son fácilmente
accesibles a la influencia de los grupos que no constituyen elites, y estos
últimos se encuentran en alta disponibilidad a ser movilizados por aquellas.”
(Kornhauser, W, (1959), p: 25)
Encasillar a la sociedad venezolana en algunos de
los modelos propuestos por el autor Kornhauser, no sería del todo pertinente
puesto que requeriría de un estudio más exhaustivo, sistemático, y
estandarizado para poder determinar con mayor pertinencia si Venezuela cala en
ese modelo. Pero lo cierto, es que este modelo propuesto puede observarse como
Venezuela ha tenido una transición en su sociedad. Pasamos de ser una sociedad
comunal, a una sociedad pluralista. En el enfoque histórico venezolano la
sociedad pluralista podría enmarcarse en los cuarenta años de apertura
democrática hasta el presente, con sus altos y bajos. Pero a su vez estamos
inmersos en una sociedad de masas que posee élites accesibles y la
disponibilidad de grupos que no lo son, por lo tanto esto implica que de una u
otra forma existe la escasez de grupos independientes, que no pueden impedir
que tanto las élites como los que no son élites puedan movilizar grupos.
Sin embargo el modelo de la sociedad totalitaria
requiere de una élite inaccesible y una población dispuesta a mantener un
sistema de control y represión total. A este punto, en Venezuela aún no se ha
llegado, puesto que con base al racionamiento y argumentos anteriormente
expuestos, y con lo que acontece en la realidad, cada vez hay más grupos
promoviendo a que exista la pluralidad, es decir grupos dispuestos que están
comprometidos a movilizar a más gente cada vez para impedir este sistema, de
represión al que aún no se ha llegado. Pese a que el Estado ha querido controlar
y regular más la forma de vida de los venezolanos, no ha acudido al terror,
pero si a la represión cuando ha sido necesario, pero más que al terror se ha
dedicado a controlar y a mantener regulado la libertad de expresión ganando
terreno con el control del poderoso arsenal de los medios de comunicación. Por
otra parte, en Venezuela hay una gama de actores sociales que promueven el
activismo político, como lo son los estudiantes, intelectuales, políticos entre
otros que de una u otra forma, anhelan el cambio social o por lo menos la
modificación del Estado actual del país cargado de una gran polarización y
sensación de incertidumbre por no saber que va a pasar. La historia, está aún
por escribirse, y el mundo de las ciencias sociales, sin lugar a duda tendrá un
rol protagónico en poder explicar y comprender este fenómeno.
A modo de cierre
La gente se vuelve capaz de ser movilizada por las
élites cuando carece de vida grupal independientemente o cuando la pierde. El
término masas se usa sólo cuando se trata de gente que no puede integrarse dentro de
partidos políticos, o gobiernos municipales, o asociaciones profesionales o
sindicatos. (Arendt, H, 1951, p: 305)
En Venezuela en la actualidad si existen grupos y
formas de organizaciones que cada vez se expanden más, partidos políticos
nacientes como Primero Justicia, Nueva Organización Social, asociaciones que
promueven la importancia del voto, por ejemplo (Voto Joven) organizaciones
vinculadas al trabajo comunitario. La contraparte del Estado venezolano ha sido
controlar paulatinamente la organización social espontanea y favorecer la
emanada por el Estado, por ejemplo los Consejos Comunales.
La falta
de relaciones autónomas origina la alineación social generalizada. La
alienación acentúa la a atracción que suscitan los movimientos de masas porque
proporciona ocasiones de expresar resentimientos contra lo que existe, a la vez
que promete un mundo totalmente distinto. En pocas palabras la gente atomizada
es fácil de movilizar. (Kornhauser, W, (1959), p: 25)
En el país pese a todas las intervenciones
propuestas por
Hugo Chávez hacia la sociedad venezolana, aún existe la cohabitalidad de
diferentes partidos políticos, personas que piensan diferente, en pocas
palabras la disidencia. Más que totalitarismo, en nuestro país se está
transitando por un régimen autoritario, que le tiene declarada la guerra al
capitalismo, hay una presencia de autoritarismo que se disfraza de democracia,
porque se ampara en la constitución nacional que se tergiversa y manipula
hacia la conveniencia de la élite bolivariana. Pero el deber ser de todos los
actores sociales, y en especial de los grupos que no constituyen élites
como lo son políticos, intelectuales, obreros, estudiantes entre otros grupos
presentes en el país, es mantener una “investigación
acción participativa”[1]continua
y sistemática como dice Maritza Montero, para lograr un fin liberador de la
opresión.
Con los fenómenos históricos anteriormente
descritos como lo son: El Caracazo, El 4 de febrero, y la llegada de Chávez al
poder,
se puede apreciar que estos dos gobiernos han intervenido, en diferentes
magnitudes y proporciones. A través de los hechos históricos queda demostrado
que la intervención del Estado no está en función la adscripción de una
corriente o ideología política determinada, sino que esta forma parte de su
propia naturaleza. El gobierno de Chávez, no renuncia a rol de tutelar por
completo a la sociedad venezolana, pero este exceso de tutelar ha
incidido en decisiones autoritarias que atentan contra la democracia.
